Reinventarse y no morir en el intento

Pepa Martin
Pepa Martin

6 de Septiembre de 2020

Reinventarse y no morir en el intento

Pepa Martin
Pepa Martin

7 de Septiembre de 2020

Esta es mi primera entrada en el blog y no se me ocurre un tema mejor que este; supongo que al igual que muchos, a los cuarenta y tantos, me encuentro en un momento de mi vida en el que necesito un cambio sustancial. Así que, después de pensarlo, repensarlo… después de lidiar con el miedo, he sido plenamente consciente de que he estado aguantando en un trabajo que me ahogaba y aunque no voy a negar que las circunstancias externas han sido personajes importantes en esta historia, lo cierto es que, ahora siento la certeza de que estoy donde debo estar y sobre todo, el viaje en el que me embarco, aunque parece una locura, es la decisión más lúcida que he tomado nunca.
Sé que me espera un camino duro, fuera de mi zona de confort, una andadura que no estará exenta de baches y desencuentros, pero estoy segura de que también encontraré una gran fuerza, el coraje para hacer lo que sea necesario y sobre todo, mucha ilusión.
Reinventarse, ¡qué vocablo!, una palabra que últimamente está tan de moda. Reinvención, concepto que se define por la creación de algo nuevo, diferente y que a su vez se nutre de las vivencias experienciales que hemos ido adquiriendo a lo largo de los años. 
Vivimos en una sociedad en la que reinvención y transformación, han dejado de ser un lujo para convertirse, cada vez más, en una necesidad, algo con lo que hacer frente a la situación actual en la que vivimos.
Quiero aclarar que no está en mi ánimo hablar de la nueva realidad que nos afecta a todos y de los cambios, tanto estructurales como socioeconómicos, que sin duda forman parte del día a día que nos está tocando vivir en tiempos de Pandemia.
Me voy a permitir ser un poco egoísta, porque lo que quiero hacer es hablaros de mi propia experiencia, de los cambios que he ido teniendo, no ahora sino a lo largo de estos últimos años.
Hace tiempo que ronda por mi cabeza la idea de emprender por mi cuenta,  hacer algo que me motive y me permita vivir acorde con mis valores.
Todos hemos tenido alguna vez esa sensación de vacío y la necesidad de hacer las cosas de forma diferente, pero ahí es donde aparece el miedo, esa percepción de  vértigo que anula cualquier intento de salir de lo que ya conoces. Entonces nos sentimos temerosos de emprender siempre con ese temor al fracaso:
“Si me arriesgo, que va a pasar… ¿Y si me van mal las cosas y pierdo todo lo que tengo? ¿Y si…?, ¿Y sí…?, ¿Y si…?,”…
Es curioso pero, no nos damos cuenta de que el simple hecho de no intentarlo significa que ya hemos perdido. Cuando permanecemos en un trabajo, en una relación o en cualquier situación, por el simple hecho de que es lo que tenemos, lo que conocemos y nos quedamos por comodidad, miedo, costumbre -llámalo como quieras-, lo que estamos haciendo en realidad es conformarnos, aún a sabiendas de que no es lo que queremos.

No nos damos cuenta de que el simple hecho de no intentarlo significa que ya hemos perdido

Muchas veces tendemos a confundir la comodidad con la necesidad de dar un sentido, un propósito a nuestra vida. Por eso seguimos en unos trabajos grises o en una relación que nos provoca sentimientos que también son grises. La respuesta es bien sencilla: Dónde debemos estar y dónde queremos estar realmente, no siempre van de la mano y terminamos cargando con una serie de condicionantes que nos limitan y nos impiden avanzar.

¿Por qué es tan complicado reinventarse? Podría decir que no tenemos la costumbre de mirar dentro y escucharnos a nosotros/as mismos/as, de seguir nuestro instinto.

 
La famosa seguridad, que parece tan confortable, termina por adormecer las expectativas y los sueños que alguna vez tuvimos. Nos perdemos en la mediocridad del día a día, eso a lo que llamamos zona de confort.
Aunque estar en la zona de confort no es necesariamente estar confortable, al menos en mi caso, es todo lo contrario. Yo me he sentido segura en un trabajo estable durante años, pero también infeliz, desanimada, desmotivada y con un vacío que a lo largo de los años, se ha hecho más grande en mi interior.
Esto pasa cuando lo que sentimos que necesitamos y lo que conseguimos con nuestros actos y nuestras decisiones, derivan en vivencias completamente diferentes.

Dónde debemos estar y dónde queremos estar realmente, no siempre van de la mano

Quien se atreve a cambiar, cuenta con que tiene que aprender a vivir con el miedo y la incertidumbre. Nada que merezca la pena es fácil; hay que aprender a andar solo, formarse y luchar por aquello que uno quiere. A nadie le regalan nada, la suerte no existe, lo que sí que debe haber es esfuerzo, compromiso y una gran determinación.

Cuando decides seguir adelante con tu reinvención y emprendes la acción, cuenta siempre con el bache del esfuerzo. Es normal sentir miedo ante la incertidumbre, forma parte del cambio; un sentimiento tan válido como la ilusión por crecer y crear un mundo laboral nuevo, lleno de oportunidades.
Muchas veces nos autoconvencemos de que son las circunstancias o el destino el que nos guía y dependiendo de lo que nos pase, así actuamos, pero en realidad eso no es del todo cierto. La vida pasa igual para todos, pero sólo aquellos que escuchan su voz interior, no tienen miedo a tomar decisiones arriesgadas, simplemente porque ponen el foco en aquello que pretenden conseguir y dejan de lado los “Y si…”
Si al igual que yo, estás en un proceso de cambio, fíjate un objetivo, confía ciegamente en tu intuición y céntrate en aquellas cosas, circunstancias y personas, que sean de utilidad y sumen en positivo. Valora todo aquello que te aporte amor y riqueza experiencial para poder crecer, evolucionar y superarte.

Quien no hace nada para transformar su vida no tiene derecho a la queja; así que cambia tu actitud y ponte en acción.

Esa es una frase que le he escuchado siempre decir a mi padre, una persona luchadora, hecha a sí misma y de la que he heredado su facilidad para encontrar soluciones creativas en momentos complicados y sobre todo, su gran fortaleza y arrojo.
Hago mía esta frase y me digo a mi misma que ya es hora. Llevo años preparándome y formándome para esto. La primera vez que pensé en emprender -no se me olvidará nunca-  estaba paseando con mi hermano y mi chico por el Prado Nuevo, en los alrededores del Escorial, hace 8 años, puede que más. Por aquel entonces, aún no me sentía tan atrapada en un trabajo que no me gustaba, pero ya tenía esa sensación que me decía que lo que estaba haciendo, no era lo que en realidad me llamaba de verdad. En ese momento fue un comentario al aire, no pensé que pudiera ser una opción factible, básicamente porque no me creía capaz de hacerlo.

Valorar la experiencia del aprendizaje es una lección más para el nuevo cambio

Ahora esa idea es un proyecto en firme, aunque estoy en el inicio y aún no sé cómo me va a ir, mi determinación es grande. Elijo hacer algo para cambiar mi vida y pondré todo lo que esté en mi mano para alimentar este blog con experiencias, vivencias y sobre todo, con la intención firme de contar mi historia de superación, proporcionando aquellas herramientas que a mí me sirvieron en su momento y que siento la necesidad de compartir.
De alguna forma, aunque estos meses han sido muy duros, ya que en el trabajo el ambiente estaba cada vez más enrarecido y yo  me sentía agotada y desilusionada, estoy agradecida por todas las cosas que me han pasado, sobre todo las malas, porque gracias a eso me he visto obligada a saltar al vacío y ahora, aunque con incertidumbre y miedo a lo que pueda pasar, me siento ilusionada y confío en mí y en mi proyecto.
Y si -¿ves? otro “y si…”, los malditos “y si…”– pero esta vez es diferente, ahora lo que pienso es que, aunque las cosas no salgan como espero, ¡no pasa nada!, valoraré la experiencia del aprendizaje, una lección más para el nuevo cambio. La decisión más importante ya está tomada, ahora toca lo fácil, vivir en consecuencia con esa decisión.

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